Patria y Vida
DM 23 07 21
Retrato de ‘Cuba’, 2015 ©Pedro Coll
La Revolución de 1959, que derrocó al sanguinario Batista, fue una revolución bien recibida
popularmente. Para el cubano de la calle significó un soplo de esperanza. Pero los
desencuentros entre la Habana y un Washington prepotente propiciaron la entrada de la
sibilina Unión Soviética que, entrando por la puerta de atrás, se llevó el gato al agua y acabó
plantando, a pocas millas de Florida, una auténtica base militar a la que casi consigue armar
con misiles nucleares. (Ver ‘crisis de los misiles, 1962’, el mundo al borde de una guerra
nuclear).
El 22 de diciembre de 1961, en la Plaza de la Revolución, frente al Memorial José Martí, Fidel
Castro se define en uno de sus más audaces discursos. ¿No quiere socialismo el imperialismo?
¡Pues bien, le daremos tres tazas de socialismo! Castro cerró el discurso gritando un lema
agresivo que durará décadas: ¡Patria o Muerte!
Si no se manifestó así en su origen, desde esta fecha, y hasta hoy, Cuba ha sido una dictadura
marxista-leninista.
En tiempo record, la Revolución consigue alfabetizar prácticamente a toda la población. Para
entender el nuevo régimen, coloquemos en un plato de la balanza una educación y una
sanidad exigidas y, en el otro plato, la falta de libertad. Hasta la llegada del turismo, principio
de los 90, y la posterior aparición de Internet, Cuba es una isla doblemente aislada, una
burbuja en la que se vive al margen de la vida normal del resto de seres humanos del planeta.
Se trata de un experimento casi surreal: la búsqueda por parte del Estado de la felicidad del
ciudadano a cambio de someterlo a un control personal absoluto. Una especie de gran
comuna. Durante años, muchos de los cubanos creen en ello y aceptan las estrictas
limitaciones a cambio de hermosas promesas. La Unión Soviética va subvencionado el
proyecto del visionario Fidel Castro, centrado en cuidar de la salud y de la educación de sus
ciudadanos, promocionar a sus artistas, intelectuales y deportistas -como bandera de la
Revolución ante el mundo- y desarrollar una agresiva evangelización comunista consistente en
operaciones bélicas lejanas, Angola, o intervenciones desestabilizadoras en Centro América.
Aparte de todo eso, poco se invierte en Cuba, se abandona la agricultura, se descuidan las
infraestructuras, todo se importa de una Unión Soviética en la que se confía como se confía en
un padre. Y un día, al cabo de años y sin aviso, cae el muro de Berlín y se desencadena la
desmembración del conglomerado soviético. ‘De golpe todo se fue pa’l carajo, nos
alimentábamos de agua con azúcar’. Cuba, de la noche a la mañana, se queda sin protector, sin
recursos de ningún tipo y entra en el oscuro ‘periodo especial’.
Así conocí Cuba, en 1995. Huérfana de la URSS, desde entonces ha ido viviendo de un turismo
creciente, de los médicos que ‘fabrica’ y exporta y de las importantes remesas de divisa que
recibe de cubanos y amigos del exterior. También de la ayuda del vecino venezolano, al que
asesora ideológicamente. Durante estos últimos veintitantos años asistimos a una peculiar
evolución sin evolución. Cuba se muestra como una dictadura a la que le han puesto sonrisa el
turismo y la calidad humana del carácter cubano, pero no deja de ser una dictadura que puede
llegar a ser cruel y maquiavélica. Con bloqueo y sin bloqueo. Después de años de parecer que
todo iba mejorando sin realmente mejorar se va produciendo un progresivo deterioro en la
educación y la sanidad, hay una carencia alarmante de medicamentos, se necesita dedicar un
esfuerzo agotador para conseguir alimentos básicos y han reaparecido los nefastos cortes de
suministro eléctrico. Para rematarlo, un reciente y retorcido cambio en el sistema de
transacción monetaria ha dejado a la mayoría de los cubanos con mínima capacidad
adquisitiva. Con zonas de sus ciudades y pueblos convertidos desde hace tiempo en esqueletos
por el abandono, desde hace años el Estado cubano concentra todo su esfuerzo inversor en
hoteles de lujo. El Che, desaparecido en 1967, tendría que levantar la cabeza…
Y, de repente, ocurre algo inesperado, la gota que colma el vaso. Un microscópico y pertinaz
virus que no cede ante amenazas ni torturas psicológicas, al que no se puede detener ni
enchironar, se encuentra con un caldo de cultivo perfecto, entra como elefante en cristalería y
pone al Gobierno contra las cuerdas. Esta vez no es como otras, lo define bien esta reciente
frase genial de autor desconocido: de tanta hambre nos hemos comido el miedo. El miedo, el
arma más letal de toda dictadura. Un esperanzador lema, calificado inmediatamente como
contra-revolucionario por el poder y consecuentemente prohibido y penado, invade las redes,
los hogares, las calles de la isla: ¡Patria y Vida!
De ¡Patria o Muerte! a ¡Patria y Vida! Los cubanos se están comiendo el miedo.
Entiendo a Pedro Sánchez haciendo su encaje de bolillos para no cabrear al Gobierno cubano.
Un presidente del Gobierno de un país medio como el nuestro no se puede andar poniendo
chulo como le exige el oportunismo de su oposición. Al margen de esa entrañable relación
histórica que nos une, en Cuba residen y trabajan muchos españoles y tenemos importantes
inversiones en empresas mixtas, cubano/españolas. Además, ante lo que se avecina, por
motivos evidentes (relación histórica y experiencia en una ‘transición’ pacífica) a España
debería corresponder el papel de interlocutor internacional, otra cosa es que lo consigamos,
ante un Gobierno cubano que de verdad puede llegar a encontrase entre la espada y la pared.
Quemar ahora las naves sería muy pésima decisión. Pablo Casado demuestra una vez más su
falta total de sentido de estado. Este PP, presionado por VOX, está cogiendo una peligrosa
deriva. Si fuera por los conservadores, en temas sociales aún estaríamos con el derecho de
pernada vigente. Pero, ni aún llevando a la espalda una mochila judicial sobre corrupción y
manipulación tan cargada y envenenada como la que lleva, el PP pierde ocasión para buscar la
yugular del enemigo. Las instrucciones, sabemos de donde vienen, son claras, ‘ni agua y sin
complejos’. También es una manera de impedir que la opinión publica se concentre en temas
muy feos que no les favorecen nada.
https://www.diariodemallorca.es/opinion/2021/07/23/patria-vida-55338164.html