La elegancia de la diagonal
DM 18 10 21
Sesión experimental en estudio, Palma, 2002. ©Pedro Coll
Hace unos días hice referencia a una sesión fotográfica, considerada icónica, que da vida a
cinco minutos deliciosos en la película ‘Blowup’, de Antonioni. Quiero ahora aportar una
experiencia personal, en ese campo, que para mi fue muy curiosa. Confirma la incógnita con
que se inicia siempre una sesión de este tipo, en la que debe asociarse la profesionalidad de
dos personalidades diferentes, modelo y fotógrafo, cada una de ellas ejerciendo su rol propio y
específico. Siempre he pensado que, en estos lances, la responsabilidad sobre el resultado final
es la misma para ambas partes. Una cita a ciegas con riesgo al cincuenta por cien.
La sesión en la que obtuve la fotografía que aquí muestro fue una sesión frustrada en su inicio.
Era un test experimental que no tenía otro objetivo que conseguir imágenes para nuestros
respectivos ‘books’. Así es como lo habíamos planteado de mutuo acuerdo. Hacía un calor
insoportable y aquel día el aire acondicionado no funcionaba, la luz del sol penetraba
directamente en el estudio y opté por el mínimo esfuerzo, jugar con las cortinas para
modularla. Por algún motivo no me sentía de lo más motivado, algo que ella debió notar desde
el principio. Mal comienzo, porque ahí influye mucho el nivel de empatía, la buena química,
ese ‘feeling’ tan esencial en un tipo de encuentro que necesita de intimidad comunicativa.
Sin embargo, se produjo un momento especial cuando ella, apoyada en la escalera y
esperando a que yo decidiera qué hacer, si seguir o acabar con el suplicio, se incorporó
ligeramente y arregló la posición del sombrero que llevaba. Una vez más, la casualidad y la
improvisación se coaligaron y me llevaron a un primer y precipitado disparo. Aquel gesto de
ella, quizá involuntario, me había activado como un resorte. A partir de este inicio, y
sintiéndome más seguro, fuimos adentrándonos en el proceso, hasta que de nuevo la elegante
sinuosidad de su movimiento la llevó a un punto en el que le pedí que se detuviera. Ahí estaba
la imagen, tan sólo faltaba afinarla. Le indiqué que fuera repitiendo con pequeñas variaciones
aquel gesto que momentos antes me había sacado de la desidia. Y así, como si estuviera
ausente, pero controlando muy bien lo que hacía, fue modulando su figura según su criterio.
Esta última fase duró sólo unos minutos. Entonces, ante su asombro, dejé la cámara y di por
acabada la sesión. Lo tenía, e intuía que podía ser especial. Al final había acabado haciendo
muy pocos disparos, no llegué a consumir un segundo rollo de 36, algo inusual. Todo el
malestar que me había estado dominando se transformó en ansias locas de revelar aquellos
dos rollos, escanear la imagen obtenida para volcarla en el ordenador y ajustarla digitalmente
con la precisión que merecía. Era una época ‘híbrida’, a caballo entre lo analógico y lo digital,
una época en que, si bien utilizaba aún película que revelaba químicamente, el proceso final de
trabajo de la imagen ya no lo hacía en el cuarto oscuro ante una ampliadora sino en la pantalla
de un monitor.
Todo eso viene a cuenta del contenido de una entrevista hecha a un arquitecto suizo/alemán,
ignoro su nombre, fue en un programa de televisión, en la que mencionó ’la elegancia de la
diagonal’. Sus palabras fueron exponiendo con precisión algo que me era totalmente afín, pero
de lo que nunca había sido consciente: la trascendencia plástica de la línea recta y su fuga
hacia la diagonal. Aquel hombre emitía un carisma que se correspondía exactamente con la
filosofía que intentaba transmitir. Transpiraba una manera de ver y de comunicar exquisita en
el fondo y en la forma. El susurro antes que el grito, precisión en la elección de los elementos,
economía en el lenguaje, seriedad e intención en el contenido.
Siempre me ha gustado esta imagen, contiene una clara intención plástica y conceptual. Una
estructura gráfica, casi arquitectónica, que se beneficia de la diagonal, el gesto adecuado y un
toque retro que nos lleva a los 60 y a aquella Audrey Hepburn de alambre. Minimalismo.
https://www.diariodemallorca.es/opinion/2021/10/18/elegancia-diagonal-58470136.html