De símbolos y utopías

DM 29 07 21

‘Se vende…’ La Habana, 2011. ©Pedro Coll

Reflexión hecha en busca de un liderazgo. Intento inútil, cómo era de esperar, y como se ha
demostrado un año después: hoy estamos a 15 de julio de 2022 y a todo aquel ruido sucedió un
contenido silencio. ¿Será crónico el mal que padecen los cubanos de a pie?


Estamos viendo cómo, a raíz de lo que acontece en Cuba, la extrema derecha y gran parte de
una derecha diestramente escorada, han comenzado a utilizar el conflicto como arma
arrojadiza.


Políticos y medios conservadores, y conocidos francotiradores en las redes, están poniendo
toda la carne en el asador para contaminar ideológicamente el tema cubano y confundir a la
gente, sobre todo al electorado español, porque el pueblo cubano les queda muy en segundo
lugar en su intención evangelizadora. Hemos visto que comienzan a apropiarse de esos nuevos
símbolos que son la bandera cubana y el lema ‘Patria y Vida’. En poco tiempo conseguirán
convertirlos en símbolos del conservadurismo radical y se dará la paradoja de llegar a ver la
bandera cubana ondeada por los ‘cayetanos’, al grito de ‘Patria y Vida’, con pasodobles,
cervecitas y redoble de cacerolas.


En los primeros años de nuestra democracia, la izquierda (políticos y gente de a pie), por no
herir ciertas sensibilidades, fue (fuimos) permitiendo que la máxima insignia nacional acabara
convirtiéndose en símbolo del pensamiento más conservador, dejando de ser el símbolo
neutral de la nación. Y esto tiene ahora mala solución. Son (somos) legión los españoles que
por este motivo no se exhibirían individualmente con la bandera española. Así que hagamos
un esfuerzo para que este nuevo lema de libertad, que viene del otro lado del Atlántico,
conserve su frescura y no acabe contaminado. Los símbolos acaban teniendo su trascendencia.


Cuba nos necesita ahora más que nunca, nos necesita a todos, no sólo a unos o a otros.
Infinidad de mensajes llegados desde allá suplican que no nos callemos, que no dejemos pasar
este tren. Para nuestro gobierno va a ser muy complicado nadar en esas aguas turbulentas,
pero es su obligación histórica intentarlo, la diplomacia y la mano izquierda serán
fundamentales. España, por su intima relación con Cuba y su experiencia pacífica en transitar a
una democracia, debería encabezar y coordinar una acción internacional atrevida cerca de
estos dos gobiernos radicalmente enfrentados. Debería iniciarse con un acuerdo tomado por
nuestras fuerzas políticas, sin fisuras, de un extremo ideológico al otro, primer escollo, pero
quiero pensar que superable por trascendente. El proyecto sería respaldado sin duda por la
Unión Europea. Hay que aprovechar las circunstancias que nos han situado en un momento
histórico. Para empezar, al margen de todo y como prioridad total, habría que ir organizando
envíos, controlados por Cruz Roja, de medicamentos y alimentos de primera necesidad ¡pero
ya! porque allá la situación es más desesperada que desesperada, mucho peor que en el
‘período especial’, esa pandemia que no cesa está aprovechándose de las endémicas carencias.


Y ahora entro en lo utópico de verdad. El paso siguiente, también inmediato pero meditado,
debería consistir en entrar a fondo en la solución del viejo conflicto. Ahí siempre ha habido dos
posiciones irreconciliables: a) bloqueo y aislamiento, la visión de castigo de los ‘alcones’
(republicanos norteamericanos, sobre todo Miami y, aquí, los conservadores y radicales de la
derecha) con la que se machaca a la población civil inocente con el objetivo de derrocar al
gobierno revolucionario: un gobierno que lleva más de 60 años comiéndose todo eso con
patatas fritas y b) levantamiento del bloqueo, la visión humanitaria y condescendiente, el ‘dejá
vu’ progresista, con lo que se daría respiro cotidiano a una población… que seguiría sometida a
un régimen totalitario, bien apalancado, perpetuándose ‘sine die’ la falta de libertades
individuales.


Oliver Stone, Jane Fonda y otros han creado un link de recogida de firmas para solicitar al
presidente Biden el levantamiento de dicho bloqueo. Aunque, como digo, no aporta nada
nuevo, me parece que sí es algo que debería hacerse. Pero seamos de una vez honestos con el
pueblo cubano y démosle al tema una vuelta de tuerca. Porque una cosa es la carencia de lo
básico para vivir y otra, igual de importante, es la carencia absoluta de libertad para la
persona. No se puede entender lo uno sin lo otro. Dejémonos ya de soluciones parciales y
busquemos un plan total. Así que, esta solicitud al presidente de los Estados Unidos habría que
simultanearla con otra dirigida al presidente Díaz-Canel pidiéndole un referéndum,
contrastadamente libre, para que sus ciudadanos puedan decidir qué desean para su futuro.
Obligado por una situación sin posible marcha atrás, el gobierno cubano debe mover ficha de
una vez, dejar de enrocarse culpando a terceros y al bloqueo, y mostrar compromiso de estado
ante este pueblo suyo que hoy por hoy está mental y físicamente destruido, agotado y al filo
del estallido suicida. Son más de sesenta años aguantando bellas promesas para ir cada vez a
mucho peor. El cubano de a pie necesita desesperadamente poder manifestarse sin trabas, sin
interlocutores oficiales y partidistas.


Sé que estoy apostando por una salida casi imposible, no nací ayer, pero no me desanimo y
sigo adelante, y este sería el plan que habría que proponer a La Habana y a Washington: bajo
supervisión internacional, simultáneamente y de manera irreversible, se levantaría el bloqueo
y se celebraría la consulta popular y libre, aceptando los Estados Unidos que, si en la consulta
cubana sale cara, será cara, y si cruz, será cruz. El que rechace una propuesta tan salomónica
quedará retratado y será directamente responsable del desastre que sin duda acabará
ocurriendo.


Pienso que necesitamos un líder que se atreva a iniciar este camino de justicia. Voy a sugerirlo,
presidente Sánchez, no esperemos a que la iniciativa la tomen otros, nos corresponde a
nosotros, no es momento para dudar. Utilicemos el sentido común. Que no sigan
confundiéndonos, se trata de libertad frente a totalitarismo, sea este del color que sea. Como
progresistas, seamos beligerantes en el juego democrático. Progresismo implica futuro,
perseguir lo imposible, arriesgar y, sobre todo, no ponerse de perfil.

https://www.diariodemallorca.es/opinion/2021/07/29/simbolos-utopias-55607438.html