Conflicto de jurisdicciones
DM 30 08 21
Hong Kong, Central District © Pedro Coll
Hace poco se celebró el día mundial de la ‘fotografía’. En el mismo mes de agosto
habremos celebrado, además de este, el de la ‘cerveza’ (día 6), el del ‘orgasmo femenino’
que comparte fecha con el del ‘gato’ (día 8), el del ‘biodiesdel’ (día 10) y cito algunos días
internacionales más incluidos en agosto, como el del ‘orangután’, el del ‘mosquito’, por
cierto, el ‘internauta’ y el ‘hashtag’ también comparten día, el 23 y, por fin, el mes acaba
con el día internacional de los ‘afrodescendientes’, el 31.
Si alguien me lo cuenta no me lo creo, pero me he informado en Google.
Ante efeméride de tal trascendencia me vino a la mente un momento especial vivido hace
unos años, muy en relación con el tema. Aporto la prueba gráfica.
Lo primero que uno se preguntará al ver esta imagen es cual de los fotógrafos es el
‘dueño’ de los novios. Por eliminación lo tendremos claro: hay dos que parecen extraídos
de un listado de fotógrafos de la agencia Magnum, otro de un geriátrico de los
alrededores que había salido a darse un paseo y un cuarto que podría confundirse con un
auténtico RoboCop, una maquina de matar.
Pues sí, este último es el ‘dueño’ de los novios, el de la camiseta a rayas que nos da la
espalda, armado hasta los dientes, calzado con botas todoterreno e incomprensiblemente
subido en una caja naranja, se supone que para estar más alto, pero agachándose para, al
final, quedar su visión a la misma altura que sin la caja (¿?). Cosas veredes…
Y sigo con las presentaciones, los dos que están de pie son mis colegas, Luis y Gerardo,
que espero que me disculpen por no haberles pedido autorización para el uso de la
imagen, también estoy yo, que por razones obvias no aparezco y, por último, ese discreto
señor mayor, sin duda ciudadano de Hong Kong, situado a la izquierda, que aprovechó la
oportunidad que se le ofrecía para desenfundar su compacta, sin ni tan siquiera levantarse
del banco en el que está sentado, y hacer sus propios disparos con pulso firme.
Todo ocurrió por generación espontánea, sin plan preestablecido, una escena de western
en el que todos a la vez, sin saber bien si para matar o para no morir, desenfundan y
disparan. La vorágine duró apenas unos segundos, no se cruzaron palabras, casi ni
miradas, no hubo sangre que llegara al rio. Una de las características de la fotografía es su
aparente inocuidad, por lo menos no produce sangre cuando se dispara con ella.
Para mi, el comportamiento silencioso y oportuno, imprevisto, de este anciano
desconocido fue lo más genial, la guinda que convirtió aquel pastel en un todo surreal,
que insufló al momento aires de historia de espías en tiempos de Guerra Fría, a lo John le
Carré o Graham Greene, sí, la imaginación siempre al poder.
Los novios, ligeramente desorientados ante la situación, muy obedientes, siguieron
besándose las veces que el fotógrafo/ninja hongkonés, también afectado por nuestro
asalto, les pidió que se besaran. Seguimos nuestro camino dejándoles tranquilos,
conscientes de haber distraído sólo por segundos su concentración en aquello
trascendental que estaba ocupándoles.
Qué cosa misteriosa es la fotografía, cuánto contenido puede encerrar algo en apariencia
tan simple. No en vano le han dedicado un día mundial, no va ser menos la fotografía que
el orgasmo femenino, el biodiesel, los afrodescendientes o el puto hashtag.
https://www.diariodemallorca.es/opinion/2021/08/30/conflicto-jurisdicciones-56676104.html