El necesario pelotón de soldados
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Check-point del ejército británico, Irlanda del Norte, 1991 ©Pedro Coll
El Canciller Otto von Bismarck (1815/1898) dijo algo que ahora estaría muy de actualidad:
España es el país más fuerte del mundo, los españoles todo el tiempo se dan palos entre
ellos sin conseguir romperlo. A Goya, más de imágenes que de palabras, le bastó con
retratarnos en su Duelo a garrotazos.
En nuestra vida democrática jamás habíamos llegado a tal nivel de crispación y enfrentamiento.
¿Qué queda para llegar a las manos? Suponíamos pasados los tiempos en que se imponía la
voluntad del grupo más ‘armado’. No conozco golpes de Estado o revoluciones consolidados sin la
colaboración de las fuerzas armadas. En las dictaduras de Franco, Pinochet y Videla, el ejercito fue
fundamental. Hitler se valió de unas elecciones para acabar mutando hacia un estado militar y
genocida. Putin, amparado en sus fuerzas armadas, se ha convertido en un Zar fascista. China,
controlando con mano de hierro, ha alcanzado la cuadratura del círculo: combinar comunismo con
capitalismo. Cuba, más papista que el Papa, es ya un Estado fallido y solo el ejército protege al
Gobierno y al Partido Comunista en su inanidad.
Las elecciones generales de la Segunda República española, en febrero de 1936, fueron
ganadas por una coalición de izquierdas. Solo cinco meses después, se produjo el
alzamiento nacional contra el orden constitucional existente. Aquella lucha fratricida dejó
un saldo de cientos de miles de muertos. Los vencedores, las fuerzas armadas golpistas,
sometieron a los vencidos a treinta y seis años de gobierno totalitario. En los inicios de la
actual democracia, en 1981, el tándem militar ‘Armada/Tejero’ quiso reeditar la aventura
del 36, pero pinchó en hueso, porque no consiguió el apoyo del Ejército. Las amenazantes
palabras de Abascal en Buenos Aires (el pasado 11 de diciembre) nos han trasladado a
sensaciones extremas que dábamos por desterradas.
Hoy España no es para nada la del 36. Es la cuarta economía más grande de Europa, su
ejército está integrado en la OTAN y la cotidianidad de nuestras calles no muestra
conflictos. El año pasado nos visitaron setenta y un millones de extranjeros, testigos de
nuestro equilibrio social. El explosivo tema de la ley de amnistía se irá asimilando,
presenciaremos debates y enfrentamientos parlamentarios y judiciales entre los dos
bloques y las leyes irán marcando los límites de unos y otros. Es más, aún puede ocurrir
que esta ley llegue a ser considerada anticonstitucional y nos veamos abocados a nuevas
elecciones. ¿A cuenta de qué tanta ansiedad, tanta bronca callejera, tanto rencor
desatado? Solo conseguirán desgañitarse. Al PP le sugeriría cambiar el consejo de Aznar,
‘él que pueda hacer, que haga’ por ‘él que pueda pensar, que piense’.
Augusto Pinochet, aquel siniestro general agazapado tras unas gafas oscuras, se levantó
con su ejército contra el Gobierno chileno, legítimo, del socialista Salvador Allende, al que
asesinaron. Al día siguiente del golpe, y lo recuerdo por lo que me impactó, la portada el
diario ABC de Madrid exhibía una fotografía de los golpistas y un gran titular: El necesario
pelotón de soldados. En estas cinco parabras está la esencia del pensamiento golpista. En
los levantamientos de Franco (1936), Pinochet (1973) y Videla (1976), la justificación fue la
misma: el caos social… pero, sobre todo, la amenaza de cambios legislativos no deseados
por las clases poderosas. La consecuencia de estos tres golpes de Estado fue el
allanamiento de las libertades durante 36 años en España, 17 en Chile, 8 en Argentina y la
implacable y cruel persecución de quienes pensaran diferente.
La Constitución es el paraguas que nos protege. Quien piense que la ley de amnistía
incumple la Constitución tienen el derecho a demandarlo, siguiendo los procedimientos
establecidos por la ley. A la vez, quienes no la están cumpliendo desde hace un lustro,
deberían dejar de infringirla facilitando la renovación de un CGPJ que les es
descaradamente afín. La Constitución es la misma para todos.
©Pedro Coll
https://www.diariodemallorca.es/opinion/2023/12/26/necesario-peloton-soldados-96248842.html