Si no fumaras

DM 02·05·23

La Habana, diciembre de 2009 ©Pedro Coll

Se levantó de la mesa en la que llevaba rato sentada y se dirigió al camarero con el cigarrillo levemente sostenido entre sus dedos índice y anular; el mulato, ante el gesto universal, sacó del bolsillo de su delantal un encendedor y le ofreció la llama en actitud reverente; ella, bajando ligeramente la cabeza, dio la primera bocanada y exhaló algo de humo agradeciéndole el detalle de modo imperceptible, sin mirarle a la cara; entonces, el muchacho, aun con la llama prendida, dejó escapar en forma de susurro la frase nunca más olvidada:

“si no fumaras ‘fueras’ perfecta…”

Ella sonrió para sus adentros mientras con su caminar de pasarela regresaba a su mesa.

El observador solitario que ocupaba la mesa contigua, depredador de instantes fugaces, que llevaba rato sin perder detalle, decidió conservar para siempre en su
memoria la frase, los gestos, el aroma a tabaco, la humedad pegajosa adherida a las pieles y la cadencia de aquellos tacones.

Un cóctel de sensaciones que, como él bien sabía, jamás iba poder concentrarse en una imagen.

©Pedro Coll

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