La vida que compartimos

JOSEP PORTELLA / @PortellaColl


DM 21 06 22

Fiestas de Sant Joan, ‘es jocs des Pla’, 23 de junio de 1982. ©Pedro Coll

En aquel Sant Joan de 1976 yo tenía veinte años. Fue una fiesta rara, ya que
poco tiempo después, el día de San Pedro, partía con la intención de recorrer
España, solo y en autostop. Aquel 24 de junio tenía para mi algo de
despedida y de bienvenida, lo recuerdo como si fuera hoy. Pocos días antes
nos habíamos reunido grupos de jóvenes en otro festival musical que se
celebraba cada año en Ciutadella. Antifranquismo. Aventuras. En estos
tiempos de transición, para octubre, me esperaba la mili en un cuartel de
Madrid. Veinte años, ufano de creer que la vida no terminaría nunca y que
seríamos capaces de cambiar el mundo, como aún creo. Ese mismo 1976 vino
Pedro Coll a Sant Joan. Era un mahonés que rondaba los treinta años. Vino
con una Nikon. No era aún su herramienta de trabajo, era abogado, había
estudiado Derecho en Salamanca y Barcelona y llevaba seis años ejerciendo.
Sin embargo, su vocación era la expresión a través de la imagen, la fotografía.
Era autodidacta y entonces se estaba planteando si sería una buena idea
cambiar de oficio. Pedro cubrió todos los actos de la fiesta: el domingo des
Bé, el caragol des Born, las completas en San Joan de Missa, la niebla de
arena en Santa Clara, los ‘bots’ en la oscuridad de ses Voltes, el convite en el                                                                                                                                  palacio del Caixer Senyor, con la alta sociedad local, en la madrugada del 23
al 24, los jocs de Es Pla, al atardecer del día 24… La mirada del artista fue
captando los momentos que creía trascendentes. Sus fotografías
documentan con precisión aquellas jornadas. Fue en es Pla, durante la suerte
de la ‘ensortilla’, cuando se produjo el accidente. Como si lo estuviera viendo,
todavía hoy. Un caballo al galope embistió a unos jóvenes, el caballo y el
jinete rodaron por el suelo, la lanza rota en dos pedazos y algunas personas
heridas. El riesgo forma parte de la fiesta. La falta de prudencia es una puerta
abierta a la desgracia. Pedro vio cómo su Nikon F volaba y una vez
recuperado y puesto en pie alguien la puso en sus manos, intacta. Para él,
una conmoción y algunos rasguños de recuerdo. Ahí acababa, de momento,
su inmersión en la fiesta. Unos años después, en 1982, persiguiendo
completar la historia, regresó. Esta vez vio los juegos des Pla desde la terraza
de un huerto privilegiado. En un instante fotográfico captó otro accidente,
esta vez muy grave. Es la foto que acompaña al escrito. Ustedes podrán
apreciar toda esta historia de emoción y riesgo si visitan la exposición ‘Renou
i Silenci’, que hace unos días se inauguró en El Roser de Ciutadella y que
estará abierta hasta el 2 de julio. En ella se muestra una amplia selección de
sus fotografías, una exposición que ha sido acompañada con la edición de un
libro que es una pequeña joya. Ahí, los de nuestra generación nos
sorprenderemos al descubrirnos jóvenes, al reconocernos en las instantáneas
de un tiempo pasado, al recuperar recuerdos camuflados en la maleza de los
años, al rehacer los paisajes que nos daban forma, al confirmar que el riesgo
no es cosa sólo de hoy. En la multitud aparecen amigos que un día dejamos
de tratar, personas que dejamos de ver, compañeros que ya no están y
jinetes que llenaban las calles con su imponente presencia. Lo que más me ha
impresionado ha sido encontrarme con las imágenes de ‘es Pla’ lleno a
rebosar y observar que casi todos los que allí estábamos éramos nosotros,
nosotros mismos.

©Josep Portella

https://www.diariodemallorca.es/opinion/2022/06/21/vida-compartimos-67486186.html