La realidad no existe

DM 13 09 21

Laberinto. La Defense, París, 2006. © Pedro Coll


Cito al peruano César Vallejo y su verso premonitorio: «Me moriré en París con
aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo». Memoria de lo que va a ocurrir.


Creo recordar que era japonesa, pero no tengo ninguna certeza de ello, no pondría la
mano en el fuego. Sí sé que caminaba muy pausadamente, con aquella mochila a la
espalda, de negro riguroso. En cambio, los otros, pienso que eran occidentales y ahí
estaban, contemplando no sé qué, impasiblemente sentados. Me separaba de ellos un
laberinto de paredes de cristal, transparentes, cúbicamente superpuestas y enlazadas,
que abrían y cerraban huecos en base a inesperados deslizamientos, ágiles e
imprevisibles. Parecía que había una inteligencia superior, amparada en un gran
silencio, que ordenaba todo aquello. Por mucho que lo intenté me fue imposible
traspasar el laberinto. Cada vez que llegaba al último muro transparente, frío y plano,
aquella estructura maléfica me obligaba a reconducir mis pasos para acabar
encontrándome en el mismo punto de partida, y ahí estaban, otra vez, la japonesa con
su mochila y los dos occidentales impávidos, al otro lado, inalcanzables, y vuelta a
comenzar, atrapado yo en ese bucle automático e irreal.


Y otro momento, también no más imposible que inquietante, relacionado con el que
acabo de contar. Al regreso de un viaje a Chile, revisando el material realizado durante
el mismo, me encontré la imagen que ilustra este artículo y a la que me acabo de
referir, La Defense de París, obtenida unos años atrás, incomprensible incrustada entre
la infinidad de disparos realizados sobre película Ektachrome en el desierto de
Atacama, a más de 10.000 kilómetros de París. Eran los tiempos de la fotografía
analógica y los márgenes de la realidad estaban más delimitados que en esta era
digital, por lo que para mi fue como un puñetazo en el estómago. Sobre la mesa de luz,
aquella imagen (París, Francia) destacaba de manera llamativa entre todas las demás
(Atacama, Chile). Comprobé la numeración sucesiva de los fotogramas en la cinta de
celuloide aún no cortada y no había error. Esta fotografía, la número 25 de orden en el
rollo, con sus personajes lejanos de otra lejanía e impregnada de una modernidad
espacial, estaba encajada entre los números 24 y 26, correspondientes ambos a
imágenes lunares de paisajes infinitos de suelo pardo y cielo cobalto, en línea con
todas las demás que aparecían en aquellas cintas de película, serpientes las
llamábamos, recién salidas del laboratorio.


Cesar Vallejo, aguacero, cielos cobalto, París, un jueves de otoño, Atacama, me
moriré…

 

https://www.diariodemallorca.es/opinion/2021/09/13/realidad-existe-57218996.html