La ceremonia del miedo

DM 22 02 21

Estreno de ‘Patriotismo 36-77’, la Ciudad del Arte, La Habana. ©Pedro Coll

‘Ellos no necesitan matarte para matarte’

El 28 de octubre de 2018, estando en La Habana, fui invitado al clandestino pre
estreno de una obra de teatro titulada Patriotismo 36-77, escrita por Lynn Cruz,
escritora y actriz cubana, esposa del director de cine Miguel Coyula, autor de
Memorias del desarrollo, film finalista en el Festival Sundance de 2010.

Fueron dos horas de tensa atmósfera en los pasadizos de la Ciudad del Arte, a las
afueras de la capital cubana. La detención de unos periodistas, mientras se
desplazaban para asistir al estreno, nos puso en aviso de que los servicios de la
Seguridad del Estado estaban al corriente. Asumiendo su riesgo, Lynn y los demás
decidieron seguir con el plan. Yo, que era un simple ‘empotrado’, y unos quince
invitados más fuimos los testigos únicos de aquella emotiva y arriesgada
representación que me trajo sensaciones de mi época universitaria, ya en los últimos
años de la dictadura franquista. En aquellas catacumbas abandonadas de ladrillo rojo
se escenificó un relato dramático, explícito y extremadamente valiente sobre la
represión y el miedo, sin evitar nombres y apellidos intocables. Al acabar, recogimos y
regresamos a nuestras casas sin incidentes. Supe que un vídeo del acto, en el que
aparecíamos también los asistentes, había sido subido a Youtube y se había hecho
público. Pero nada ocurrió en los días que siguieron y al final me quedé con la duda de
por qué la Dirección de Inteligencia decidió no intervenir, a pesar de la ferocidad del
alegato de Lynn. Motivos debió haber para que optaran por no remover el avispero y
tan sólo tomar nota. Nota toman siempre.

El miedo es el arma más efectiva de los regímenes totalitarios, es una ciencia. En su
manejo saben cómo ser extremadamente refinados. Si quienes han tenido la suerte de
no vivirlo quieren profundizar en el tema les recomiendo que vean ‘La vida de los
otros’, de Florian Henckel von Donnesmarck, 2006. Ahí se muestran los sutiles y
tenebrosos mecanismos opresivos de la Stasi, el órgano de inteligencia de la Republica
Democrática Alemana, prima hermana de la KGB soviética e inspiradores del G2
cubano. Similares métodos se dieron también en los sistemas represivos del extremo
ideológico opuesto, dictaduras históricas afortunadamente desaparecidas que muchos
conocemos por haberlas vivido. Franco, para nosotros, pero cito también las
crueldades de Pinochet o de Videla, por su proximidad. Nada tan cierto como que los
extremos pueden llegar a tocarse, no en el fondo, pero sí en las formas.

Estamos asistiendo a la aparición de sistemas totalitarios camuflados por un barniz de
apariencia democrática. ¿Qué asemeja a populistas tan diferentes como Maduro,
Orbán, Bolsonaro, Duda, Duterte o Putin? Pues que utilizando el juego democrático
promueven cambios legislativos que les van a permitir perseverar en el mando y
ejercer una autoridad prácticamente absoluta. El acoso y derribo del opositor Alexei
Nalvani por parte del presidente Putin (graduado en democracia por la KGB) es un
claro ejemplo del manejo del poder por parte de quien se permite el teatro de celebrar
elecciones conociendo de antemano que va a ser el ganador. ¿Hacia donde creemos
que soñaba encaminarse el colérico Donald Trump al presionar al Secretario de Estado
de Georgia para que ‘encontrara’ (de la manera que fuera) los 11.780 votos que
necesitaba, o calentando torpemente las dañadas neuronas de aquellos frikis
republicanos en su ataque al Capitolio? Esta vez las urnas lo defenestraron, pero con
su ira potenciada por la humillación acaba de ponerse en marcha de nuevo, ‘nuestro
movimiento acaba de empezar’ ha advertido nada más superar su segundo
‘impeachment’. Hitler evolucionó a partir de un inicio democrático para acabar
llevando a Alemania, un país ejemplar, europeo y culto, a donde la llevó. ¿Hacia qué
nos estamos deslizando?

El hábil manejo del miedo, esa técnica de control mental que todos los absolutismos
acaban utilizando una vez aposentados consigue ir retorciendo el subconsciente
humano, domesticándolo, anulándolo, destruyéndolo. A eso se refería un disidente
cubano al que oí decir esta escalofriante frase: ‘ellos no necesitan matarte para
matarte’. En el otro extremo ideológico, ¿recordáis la ‘caza de brujas’ de McCarthy?

Así hablaba Lynn Cruz de su obra, en La Habana, asumiendo el riesgo de su
compromiso: “La idea nació tras un episodio represivo por parte de las fuerzas
policiales de la Seguridad del Estado en abril de 2017, al tratar de presentar el
documental ‘Nadie’, de Miguel Coyula, en la Galería El Círculo, en La Habana. De ahí
surgió la necesidad de dialogar, a través del teatro, sobre la violencia psicológica y
física por parte del Estado hacia todo el que lo critica de manera abierta. Esta acción la
dedicamos a todos los que han muerto en nombre de la libertad, ya sea por
desesperación, romanticismo o irresponsabilidad”.

Los intérpretes fueron Lynn Cruz, Juliana Rabelo (en la foto) y Juan Trápaga.

https://www.diariodemallorca.es/opinion/2021/02/22/ceremonia-miedo-35252263.html