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DM 19 12 20
Metro de Tokyo © Pedro Coll
Debo confesar que a menudo hablo con mi cámara, aunque sería más justo decir que
es ella la que me habla a mí. Es una de esas cámaras de hoy, tan sofisticadas. Me
cuesta reconocerlo, pero no sé qué haría sin ella.
Os pondré un ejemplo. El otro día iba pensando en las musarañas, deambulando por
una de las galerías de la línea Kehini-Tohocu, a una hora en la que no había mucha
aglomeración de gente, ya se sabe cómo se pone Tokio a ciertas horas, cuando de
repente la cámara me advirtió de que estaba pasando ante una valla publicitaria muy
gráfica. Anunciaba una marca de teléfono móvil y sobre fondo blanco aparecían unos
personajes vestidos de negro, muy expresivos. Mi cámara me habló de forma clara,
como suele hacer siempre, sin pelos en la lengua: «Podrías aprovechar esas figuras en
negro de la valla y dejar que se confundan con personajes reales, vestidos de igual
manera, que vayan pasando ante ella, como si se hubieran salido del anuncio y se
fueran caminando». La idea me gustó y me situé en el lugar que me pareció indicado.
Pero la cámara dijo: «No, desde ahí no, es demasiado plano, encuadra un poco en
diagonal, la perspectiva le dará dinamismo, intenta que la imagen sea gráfica, tan
gráfica y minimalista cómo la del anuncio». Me pareció bien y decidí utilizar el lente de
24mm. Pero la cámara se dio cuenta enseguida y me volvió a corregir, parecía algo
irritada. «Con el 24 exagerarás las proporciones, usa el 35, pero diafragma a 11,
necesitas foco en la valla y en los que pasen por delante de ella. Y también necesitas
una velocidad de obturación alta porque debes congelar al máximo el movimiento,
para ir tranquilo sube los ISO a 3.200». Está en todo, mi cámara. Hice exactamente lo
que me dijo. Comencé a disparar a medida que iban pasando personajes que me
gustaban. Los ejecutivos japoneses parecen todos diseñados a partir de un mismo
modelo, traje negro, camisa blanca, corbata oscura, sobrios y serios. Combinaban
perfectamente con los personajes de la valla publicitaria, que también vestían de
negro, pero de manera más casual. Aquello me estaba gustando, resultaba potente,
pero a veces la cámara me regañaba. «¡Concéntrate! ¡Se te escapó uno buenísimo!». O
bien, «Mira, mira esos dos, ¡dispara ya, que se te van!». Después de un tiempo
indefinido cazando instantes decidí reanudar el camino, tenía la sensación de haber
obtenido buenas imágenes y volví a perderme mentalmente, pensando en las
musarañas. De repente la cámara me rescató de mi habitual ensimismamiento:
«Cuando selecciones este material no desdeñes escoger varios disparos similares, pero
diferentes, convertirlo en una secuencia dará mas sentido a la idea y encajará en
nuestro proyecto ‘Urban series’, por cierto, este título fue idea mía».
Vale, mi cámara es muy buena y la necesito, pero a veces se pasa. Ese punto de ego
que no controla me incomoda un poco. No me pareció nada correcto que a mi
proyecto lo llamara ‘nuestro proyecto’. Y menos aún que me recordara su autoría en lo
que respecta al título de la serie (aunque la verdad es que no sé como no se me había
ocurrido a mi). De todos modos, seguí su acertado consejo y debo reconocer que me
gusta cómo está quedando ‘Urban series’. Esta vez espero una buena crítica por parte
de los talibanes del arte.
No soy partidario de comentar esto en publico, pero la verdad es que no sé que
haríamos los fotógrafos sin las cámaras de hoy en día. Con los avances de la
inteligencia artificial parece que va a salir un modelo definitivo, casi cómo para
comprarle un billete de avión, mandarlo con un encargo específico y al cabo de una
semana o de quince días regresará con un reportaje de los que quitan el hipo. Y tú sin
mojarte. A ver si puedo permitirme su precio…
https://www.diariodemallorca.es/opinion/2020/12/19/informacion-privilegiada-26506452.html