Vayamos a las plazas y gritémoslo
DM 16 04 11
Publicado en Diario de Mallorca en plena explosión de la burbuja inmobiliaria mundial, unas
semanas antes de las concentraciones en Estambul y Madrid; aun Podemos no había salido del
cascarón y Pablo Iglesias era un desconocido. Artículo premonitorio.
Cada mañana de cada día sigo dándome de bruces con la evolución confusa y preocupante de
la economía de nuestro país, no deja de ser un ahora sí, ahora no. De momento me angustia
tanta seguridad en haber escapado ya a la amenaza de la intervención. Me fío menos de las
palabras tranquilizadoras de los dirigentes de la UE que de las de nuestros ministros del área,
parece que aquellos quieren decirnos: tranquilos, dejad que nos ocupemos de los pequeños,
que quizá tienen solución; en su momento, Dios no lo quiera, veremos que pasa con vosotros.
Diariamente todo eso viene aderezado con luchas cainitas entre nuestros dos partidos
mayoritarios a los que lo único que les importa es conservar o recuperar el poder, dos partidos
que, ni hallándose el país al borde del precipicio, han sido capaces de llegar a un acuerdo de
salvación nacional, del modo que sí lo han hecho en situaciones extremas naciones serias de
nuestro entorno.
Necesitamos dirigentes que tengan la mente puesta en el futuro y no obsesivamente en las
próximas elecciones; esto es lo que diferencia al simple político del estadista. Vamos sobrados
de los primeros, pero carecemos de los segundos.
Necesitamos una base social, un pueblo, con educación y principios que le permitan elegir con
mejor criterio, que le permitan exigir, tanto a los adversarios cómo a los suyos, y castigar con
el voto el incumplimiento de lo prometido o la vergonzosa corrupción, aunque los culpables
sean quienes uno había votado. La ideología no puede justificar lo injustificable. A esto lo
llamaríamos recuperación del sentido de la vergüenza.
La clave de todo está en la EDUCACIÓN, no hay misterio ni secreto, tampoco es algo que no
supiéramos, estúpidos de nosotros. Pero educar es labor de años, y en estas dos décadas
hemos perdido otra oportunidad de oro. Algo menos de autopistas, de Tren de Alta Velocidad,
de mega aeropuertos (los tenemos hasta sin aviones) y algo más de enseñanza y de I+D.
Nuestros brillantes políticos erraron invirtiendo el orden de prioridades, erraron todos, los
unos y los otros, porque a fin de cuentas aporta más rédito electoral un puente o una
autopista que un premio Nobel. Tiene su lógica: el campo del conocimiento necesita de una
generación para lograr resultados y ningún partido en concreto podría atribuirse este logro
ante unas elecciones, en cambio un palacio de congresos es cosa de una legislatura; prioriza las
elecciones. Y por eso tenemos magnificas infraestructuras… pero somos mediocres en
matemáticas, comprensiónlectura y consecuentemente en competitividad. Y encima estamos
comenzando a plantearnos la marcha atrás en conquistas sociales que deberían
enorgullecernos; nuestro envidiado sistema sanitario va a ser adelgazado ante la sonrisa
maquiavélica de los “neo-liberales”, esos que el domingo se santiguan ante un Dios que, si
existiera, cosa que desconozco, les correría a gorrazos. No hemos aprendido nada de nuestro
pasado. Es obligado dar prioridad a la preparación de las jóvenes generaciones para que de
ellas salgan los científicos, los creadores, los lideres que necesitamos. En estos últimos años
hemos avanzado mucho, pero los países de nuestro entorno, nuestros competidores, han
avanzado más. Disponemos de la materia prima humana, mirad a nuestros deportistas, con
ellos sí se hizo el esfuerzo y ahí están, dándonos alegrías; simplemente consiste en generalizar
el sistema utilizado con ellos: motivación + financiación. Urge promover una voluntad general
coincidente y el desarrollo minucioso de un plan, al margen de ideologías y de intereses. No
vale la sonrisa escéptica, sólo vale el pacto de Estado. Es sí o sí. Vienen tiempo duros y
decisivos.
Si consideramos este planteamiento cómo una utopía es que somos unos cínicos y nos
merecemos la decadencia y la frustración. Si los dirigentes no se apuntan por la labor, a los
demás, a la gran mayoría, nos queda el grito. Egipto, Túnez, Libia, etc. nos están marcando el
camino. Disponemos de los mismos medios de coordinación de voluntades y capacidad de
convocatoria: Internet, redes sociales… Llamemos a la protesta pública de los ciudadanos
demócratas contra sus apoderados, amenacemos con levantarnos contra los abusadores de
nuestros votos.
Gritémoslo.
Tan sólo me queda una duda: que, a nosotros, los afortunados ciudadanos del primer mundo,
los años de confort nos hayan incapacitado para gritar.
https://www.diariodemallorca.es/opinion/2011/04/16/vayamos-plazas-gritemoslo-4057843.html