ESPEJO Y MEMORIA

I- El Espejo. Espejo es sinónimo de imagen, de misterio, de magia, de proyección hacia el exterior.

Algunos usamos la fotografía como medio de expresión, del mismo modo que podríamos escribir, o dedicarnos a montar instalaciones… Lo que creamos, aunque a simple vista no lo parezca, es siempre una consecuencia de nosotros mismos, un puro reflejo. Sin ser conscientes nos pasamos la vida buscándonos en los espejos. Nos autorretratamos.

II- La Memoria. Volver sobre mis imágenes más carismáticas, como hago aquí, es una forma de recuperar la memoria y de verle el lado positivo al inexorable paso del tiempo. Es reconocerme en momentos y lugares tan distintos y distantes. Es recordar, es volver a oler y saborear, revivir, poder contar, manifestar el necesario compromiso, participarlo y, sobre todo, luchar contra el olvido. Porque el olvido es la no existencia.

III- La Palabra. La imagen fotográfica, para mi, es la configuración plástica de la palabra. Quizá si me obligaran a elegir, con igual facilidad de expresión, entre la imagen y la palabra me quedaría con esta última; como herramienta, la pluma es más discreta que la cámara, exige menos parafernalia; ¡cuántas veces he deseado poder fotografiar solo con la mirada, desde la invisibilidad! Pero volviendo a la palabra, dijo Vittorio Gassman en una de sus últimas entrevistas: “Odio la muerte porque significa la perdida de la palabra, y yo amo la palabra”... La palabra nos acerca a la imagen y a la memoria, las vincula e interactiva, conforma con ellas un triangulo potente, crea la palanca que permite mover las cosas, las pequeñas cosas, las más grandes. Dijo Galileo: “Dadme una palanca y moveré el mundo”.

IV- La Conclusión
Somos fotógrafos por necesidad. Difícilmente podríamos hacer otra cosa. Nos pasamos la vida observando, cazando instantes, capturando recuerdos.

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