EL ESPEJO Y EL TIEMPO

Cuando nos miramos en un espejo lo que vemos en él es una imagen del pasado. En principio este pensamiento puede parecernos trivial.

Pero quizá no lo es tanto al enterarnos de que si pudiéramos mirarnos en un espejo que estuviera a miles de años-luz... cuando nuestra imagen estuviera de vuelta no nos encontraría ni a nosotros ni a los nietos de nuestros nietos.

Desdeñamos las sutilezas. Por ejemplo, ¿qué imprevisibles consecuencias puede acarrearnos el acto pretencioso de reducir un instante de la vida a lo que el leguaje de la técnica fotográfica fríamente conoce como "imagen latente"? ¿En qué afecta este acontecimiento al sujeto fotografiado, al autor de la fotografía y hasta al posterior “lector” de la misma? Nunca nada sigue siendo igual después de una palabra o de un acto, por imperceptibles que estos sean.

No conviene despreciar lo imperceptible. Me viene a la mente la divertida anécdota de “las bragas de seda”. Cuentan que en la realización de un catálogo de abrigos de visón, que se había fotografiado entre hielos, en el norte de Escandinavia, la productora presentó al cliente una relación de gastos entre los que figuraban no sé cuantos pares de bragas de seda. El cliente les llamó la atención ante lo chocante del cargo: "¿Para qué bragas de seda si fotografiábamos abrigos? ¡No aparecen por ningún lado!". La respuesta del fotógrafo, responsable del asunto, fue contundente: "Cierto, las bragas no se ven en las fotos, pero se sienten".

Lo imperceptible, lo sutil, su trascendencia sobre el devenir de las cosas...  Por cierto, y a propósito de ello, ahora, con eso de los pixels, olvidados ya los haluros de plata y otras zarandajas, ¿será correcto seguir hablando de "imagen latente"? A mi me gusta seguir haciéndolo, de la misma manera que me molesta llamarle “ruido” a lo que siempre habíamos llamado “grano”. ¿Rebeldía o respeto histórico?

Este “Autorretrato con modelo a la espalda” fue realizado ante un gran espejo, en el transcurso de una sesión publicitaria sobre temas de belleza. El fogonazo del flash anular mantiene mi anonimato cómo autor de la imagen. En el fondo, esta sutileza denota el pudor del realizador de imágenes por aparecer en ellas... contradicciones de lo cotidiano.

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